Pero con la última presentación en Córdoba, el hechizo (o debería escribir el maleficio) se rompió ante 15 mil chicos que el sábado cumplieron con los ritos de rigor: la vaquita, el trapo, las banderas del palo y la birra antes de entrar.

Dicen los que saben (bah, yo digo que mis amigos músicos, de música algo saben) que el cambio se debe a que la banda apostó a renovarse musicalmente con “Civilización”, su último trabajo discográfico. Para los que palpitaron el show, la respuesta es mucho más sencilla: el impacto visual de una original puesta, y músicos desprejuiciados explotando su mejor faceta histriónica sobre el escenario, fueron los condimentos responsables del aire renovador que sopló por Arenales y Río Cuarto.
¿El punto culminante de la noche?
“Desde lejos no se ve”, con Ciro calzándose unas antiparras (ver foto) e interpretando el papel de un linyera unbekannt (desconocido) y stone, mientras sus compañeros no se quedaban atrás y lo seguían en el delirio: Daniel Fernández en la piel de un rapero con gafas oscuras y gorra hacia atrás, Micky Rodríguez personificando a un gaucho moderno con poncho y vincha, junto a Gustavo Kupinski, símil cowboy urbano.
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